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El Malpensante

Breviario

El Sur

Este fragmento es el comienzo de la novela La ciudad invencible, que acaba de publicar Laguna Libros.

Ilustración de Adriana Villegas

Ya no es mi cumpleaños. Las primeras horas de la nueva edad se deshacen, caen como la lluvia de papel picado que ahora tiro por la ventana. “Falló la gravedad”, dice Baigorria. O podría haberlo dicho. Los -papeles flotan, brillantes en el aire nocturno, y se alejan hacia la iglesia Guadalupe. Un viento silencioso los empuja. Los aviones que bajan rumbo a Aeroparque perforan las nubes con su luz. Por un momento creo ver una claridad a lo lejos, donde imagino el río. ¿Amanece? Alguna vez, desde Colonia, pensé que las luces en el horizonte eran el resplandor de un gigantesco incendio. De arriba, Scalabrini es una franja negra y vacía por la que de vez en cuando pasa algún taxi. Los semáforos indiferentes siguen cambiando de color. El Varela Varelita, apagado y con la cortina baja, se ve diminuto y anacrónico con sus molduras art decó. Parece ahogado entre tanto edificio. Respiro: catorce pisos sobre la avenida pero aún dentro de Buenos Aires, que también existe hacia arriba, en su cielo de cúpulas y luces artificiales.

Desde el balcón veo las siluetas de mis amigos tras el resplandor azul de la computadora. Sobre la mesa quedaron pedazos fríos de pizza, botellas vacías, platos con torta de chocolate. La reja húmeda de rocío me enfría la espalda. Baigorria vuelve a la sala justo en el momento en que Julia sale, y una ráfaga de voces y música me llega cuando desliza la puerta ventana. Julia apoya la nariz en la reja; habla sin mirarme: “En qué estarás pensando”. Llegué a Buenos Aires por las razones equivocadas, estoy a punto de decir, pero Julia me gana la mano: “No pienses”, dice. “Hoy no pienses en nada”.

Ricardo ya pasó de Led Zeppelin a Palo Pandolfo cuando vuelvo a la sala y anuncio, con golpecitos de tenedor en el vaso, que está amaneciendo. Enseguida se arma el gran revuelo porque otro pregunta cómo puede estar amaneciendo si desde acá no vemos el este. A nadie se le ocurre decir que son las cuatro de la mañana, y eso porque ya perdimos la cuenta de las horas y de las botellas de malbec. Ahora Javier está parado en medio de la sala y hace señas con los brazos como esos hombres que dirigen el tráfico: “Este, oeste, norte, y el sur a mi espalda”. Ricardo, que e...

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Fernanda Trías

Es traductora y magíster en Escrituras Creativas de la Universidad de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, La azotea, novela por la que recibió en 2002 el Premio Nacional de Literatura en Narrativa de Uruguay.

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