Google+
El Malpensante

Artículo

La puerta abierta

Esta breve nota recuerda que el suicidio está siempre disponible para quien no se sienta a gusto con la vida. 

Ilustración de Aldo Jarillo

Mi mejor amigo se ahorcó de la rama de un árbol. Ya no era mi mejor amigo, pero sí lo había sido, de niños, de adolescentes, de compañeros de cuarto en la universidad. Crecimos juntos. Nos volvimos hombres juntos. Él me llevaba tres años, y yo lo quería y admiraba como a un hermano mayor. Era hermoso, tierno, infalible. Al terminar la universidad, cada uno tomó su propio camino y dejamos de vernos y hablarnos durante más de veinte años. Hace poco, con mi hijo recién dormido en los brazos, me llamaron para decirme que mi amigo se había colgado de la rama de un árbol. En su escritorio encontraron cartas de despedida para sus hijos, hermanos, padres. Un video en blanco y negro, tomado por una cámara de seguridad, lo mostraba caminando solo hacia un barranco, hacia su último árbol. Usó un cinturón.

Al enterarme sentí un vacío físico, muy real, en la boca del estómago: un pedazo de mí, de mi pasado, había dejado de existir. No había muerto un señor de casi cincuenta años que yo ya apenas conocía; había muerto mi amigo de la infancia, mi compañero de cuarto, mi alero de viajes y fiestas y estudios de ingeniería (yo decidí estudiar ingeniería, en parte, por seguir sus pasos). Pero también percibí, justo detrás de la tristeza y el vacío, una sensación hasta entonces soterrada o desconocida –en la espalda, entre hombros y omóplatos–, y que solo empecé a comprender a partir de un hilo de pensamientos fugaces y casi invisibles: ¿consiguió escapar?, ¿logró salirse?, ¿no más miedos?, ¿no más ansiedad?, ¿no más dolor? Y yo, entonces, ¿también deseo la muerte? ¿Yo quiero morir?

Mi hijo respiraba suave y dulcemente en mis brazos y yo aún podía escuchar el eco que dejaron atrás esos pensamientos, luchando por hacerse corpóreos, por arroparse en palabras. Hoy, tanto tiempo después, al intentar expresarlos en palabras, he sentido la necesidad de usar signos de interrogación. Aunque no sé si se asomaron así, en puntillas, tan tímidamente. No recuerdo. O decido no recordar.

De...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Eduardo Halfon

Ganador en 2010 del Premio de Novela Corta José María de Pereda con La pirueta. En 2019, Libros Malpensante publicó su volumen de crónicas "Biblioteca bizarra".

Mayo 2019
Edición No.207

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Chamánicos: la búsqueda metafísica de los Aterciopelados


Por Juan Carlos Garay


Publicado en la edición

No. 209



Entre 1998 y 2000, Andrea Echeverri y Héctor Buitrago lanzaron dos de sus discos más importantes y participaron en más de treinta ceremonias de toma de yagé, la planta sagr [...]

He construido un jardín


Por Diana Bellessi


Publicado en la edición

No. 208



La poeta y traductora argentina es una de las invitadas estrella a la versión 29 del Festival Internacional de Poesía de Medellín. [...]

El coleccionista de vientos


Por Javier Ortiz Cassiani


Publicado en la edición

No. 205



Originalmente un juguete infantil, desdeñado en Europa por su vulgaridad, el acordeón encontró en el Caribe colombiano una grandeza sin precedentes. Al punto que se convirti&oacut [...]

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores