Google+
El Malpensante

Artículo

La mamá del escritor

¿Quién fue Thelma Toole, a quien le debemos que La conjura de los necios, un clásico contemporáneo, haya visto la luz?

Fotos archivo Biblioteca Howard-Tilton Memorial

“Soy un anacronismo. La gente se da cuenta y le fastidia.”

Ignatius J. Reilly, La conjura de los necios

 

En marzo de 1984, cinco meses antes de morir, Thelma Ducoing Toole hizo su última aparición pública en Nueva Orleans. Fue en el estreno de una adaptación musical de La conjura de los necios, la novela escrita en los años sesenta por su hijo suicida y que ella se obstinó en publicar a pesar de sufrir varios rechazos editoriales.

Esa noche, Thelma llegó a la función en una limosina, acompañada por su abogado y algunos amigos. Al abrirse la puerta trasera del vehículo, lo primero que se vio salir lentamente fue su caminador metálico y luego apareció ella, con su inconfundible estilo: sombrero brillante ceñido a la cabeza, largo traje de satín con motivos florales, guantes blancos que subían hasta la mitad del antebrazo y pantuflas. Saludó gravemente a algunas personas, con ese gesto suyo que consistía en levantar el dedo índice de la mano derecha, y entró al teatro.

Adentro, los organizadores del evento le hicieron un homenaje antes de empezar la obra, pero ella se animó a romper con el protocolo al terminar la función. Cuando se encendieron las luces, se paró enfrente del público, se aferró a su caminador con la mano izquierda e hizo un gesto solemne con la derecha antes de proclamar: “¡Esta es la noche más importante en la historia del teatro norteamericano!”. Entonces se abandonó a un recuento detallado e interminable de la vida de su hijo John Kennedy Toole. Habló de las virtudes que adivinó en él cuando nació y la miró en silencio a los ojos, de sus calificaciones notables en la escuela, de su paso excepcional por la universidad y el ejército, de sus cualidades sobresalientes como profesor e hijo, y, por supuesto, de su talento único volcado en una obra maestra que solo logró publicarse gracias a la perseverancia de ella, su madre.

Algunos asistentes lograron escabullirse a cuentagotas del sitio, pero la mayoría permanecieron en sus sillas, entre resignados y atónitos. Cuando la intervención por fin terminó, salieron a t...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Santiago Gallego Franco

Es profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

Mayo 2019
Edición No.207

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Fidelidad de los perros


Por Tomás Sánchez Bellocchio


Publicado en la edición

No. 203



Dossier de Ficción [...]

Domingos en Iowa


Por Eduardo Halfon


Publicado en la edición

No. 210



Un padre y su hijo de dos años van a conciertos de música clásica para conocerse en silencio. [...]

Fracasar como filósofo


Por Raymond Tallis


Publicado en la edición

No. 207



. [...]

Tengo un vecino que escupe


Por Felipe Jaramillo Gómez


Publicado en la edición

No. 210



No es lluvia todo lo que cae del cielo. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores