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Coda

El momento actual en la historia

Traducción de Esperanza Meléndez Escobar.

¿Van las plataformas tecnológicas en detrimento de la autonomía e, incluso, de la interacción social? ¿Se debe renunciar a la idea de Unión Europea? El empedernido liberal fundador de la Open Society se refiere a estos y otros asuntos, señalando de paso la falsedad de ciertas herramientas al servicio de la democracia y las estrategias para protegernos de ellas.

Discurso pronunciado en Davos, Suiza, el 25 de enero de 2018, en el marco del Foro Económico Mundial.

Ilustración de David Avend

 

Buenas noches.

Ya se ha vuelto para mí una tradición ofrecer todos los años en Davos un panorama general del estado actual del mundo. Planeaba hacer una presentación de media hora, dejando otra media hora para sus preguntas, pero mi discurso terminó siendo de casi una hora. Esto se lo atribuyo a la gravedad de los problemas que nos afligen hoy. Cuando termine, abriré un espacio para sus comentarios y preguntas. Váyanse preparando.

Atravesamos un momento histórico más bien doloroso. Las sociedades abiertas están en crisis y nuevas formas de dictadura y de Estados mafiosos, como por ejemplo la Rusia de Putin, van en aumento. En Estados Unidos, el presidente Trump bien quisiera establecer un Estado mafioso, pero no puede hacerlo porque la Constitución, otras instituciones y una sociedad civil dinámica no lo permitirían.

Nos guste o no, mis fundaciones, la mayoría de nuestros beneficiarios y yo mismo estamos librando una ardua batalla para proteger los logros democráticos del pasado. Mis fundaciones solían concentrar su ayuda en los llamados países en vías de desarrollo. Ahora que la sociedad abierta también está en peligro en Estados Unidos y en Europa, más de la mitad de nuestro presupuesto se invierte más cerca de casa, puesto que el mundo entero recibe el impacto negativo de lo que está sucediendo aquí.

Proteger los logros democráticos del pasado, sin embargo, no es suficiente; también debemos salvaguardar los valores de la sociedad abierta para que puedan resistir mejor futuras arremetidas. La sociedad abierta siempre tendrá enemigos y cada generación debe reafirmar su compromiso con ella para poder sobrevivir.

La mejor defensa es un contraataque fundamentado. Los enemigos de la sociedad abierta se sienten victoriosos y eso los ha inducido a llevar muy lejos sus esfuerzos represivos, con lo cual han generado resentimiento y han ofrecido oportunidades para la réplica. Es lo que está sucediendo hoy en día en lugares como Hungría.

Yo solía definir el objetivo de mis fundaciones como “defender a las sociedades abiertas de sus enemigos, haciendo responsables a los gobiernos y fomentando un modo de pensamiento crítico”. Pero la situación se ha ido deteriorando. No solo está en juego la supervivencia de la sociedad abierta, sino la de toda nuestra civilización. El ascenso de líderes como Kim Jong-un en Corea del Norte y Donald Trump en Estados Unidos tiene mucho que ver con esto. Ambos parecen estar dispuestos a arriesgarse a una guerra nuclear con el fin de mantenerse en el poder. Pero la verdadera raíz del problema es aun más profunda.

 La habilidad del género humano para dominar las fuerzas de la naturaleza, con fines tanto constructivos como destructivos, continúa aumentando mientras nuestra habilidad para gobernarnos adecuadamente fluctúa y, ahora mismo, es muy baja.

La amenaza de una guerra nuclear es tan horrenda que nos inclinamos a ignorarla. Pero es real. En efecto, ese es el rumbo que está fijando Estados Unidos al negarse a aceptar que Corea del Norte se ha convertido en una potencia nuclear. Esto constituye un fuerte incentivo para que Corea del Norte desarrolle su capacidad nuclear a toda velocidad, lo que, a su vez, podría inducir a Estados Unidos a usar su superioridad nuclear de manera preventiva. Evidentemente, iniciar una guerra nuclear para prevenir otra es una estrategia contradictoria.

El hecho es que Corea del Norte se ha convertido en una potencia nuclear y ninguna acción militar puede volver las cosas atrás. La única estrategia sensata es aceptar la realidad, por alarmante que sea, e intentar llegar a un acuerdo con Corea del Norte como potencia nuclear. Esto requiere que Estados Unidos coopere con todas las partes interesadas, principalmente con China. Pekín tiene a su disposición la mayoría de las palancas de poder contra Corea del Norte, pero es reacia a usarlas. Si arremete muy fuerte contra Pionyang, el régimen podría colapsar y China se inundaría de refugiados norcoreanos. Además, Pekín se muestra renuente a hacerle favores a Estados Unidos, a Corea del Sur o a Japón, contra los que abriga uno que otro resentimiento. Para lograr la cooperación, se requerirán largas negociaciones, pero una vez que se alcance, la alianza estaría en capacidad de enfrentar a Corea del Norte con garrote y zanahoria. El garrote podría utilizarse para forzarla a participar en negociaciones de buena fe; la zanahoria, como recompensa por una suspensión verificable del desarrollo ulterior de armas nucleares. Cuanto más pronto se logre el llamado acuerdo de “congelamiento recíproco” más exitosa será la política. El éxito puede medirse por la cantidad de tiempo que le tome a Corea del Norte poner su arsenal nuclear en pleno funcionamiento. Quisiera llamar su atención sobre dos importantes informes que acaba de publicar Crisis Group acerca de las perspectivas de una guerra nuclear en Corea del Norte.

La otra gran amenaza para la supervivencia de nuestra civilización es el cambio climático, que a su vez es una causa creciente de la migración forzada. En otros lugares, he abordado de manera amplia los problemas migratorios, pero debo señalar que se trata de problemas muy severos e intrincados. Tampoco quiero entrar en detalles sobre el cambio climático, ya que bien se sabe lo que debe hacerse al respecto. Tenemos el conocimiento científico; lo que falta es voluntad política, particularmente en la administración Trump.

Claro está que considero la administración Trump como un peligro para el mundo. Pero estimo que es un fenómeno puramente temporal, que desaparecerá en 2020 o incluso antes. Le doy crédito al presidente Trump por la magnífica forma de motivar a sus partidarios, solo que por cada seguidor ha creado un mayor número de opositores, también fuertemente motivados. Es por esto que espero una arrolladora victoria demócrata en 2018.

Mi objetivo personal en Estados Unidos es ayudar a restablecer un sistema bipartidista que funcione bien. Esto requerirá no solo una victoria arrolladora en 2018, sino también un Partido Demócrata que propenda a la redefinición no partidista de distritos electorales, al nombramiento de jueces bien calificados, a un censo realizado adecuadamente y a otras medidas necesarias para que un sistema bipartidista funcione.

 

El monopolio de las tecnologías

de la información

Quisiera dedicar la mayor parte del tiempo que me queda a otro problema global: el ascenso y comportamiento monopolístico de las gigantes empresas de tecnologías de la información. Estas compañías han desempeñado con frecuencia un papel innovador y liberador. Sin embargo, la transformación gradual de Facebook y Google en monopolios cada vez más poderosos las ha convertido en obstáculos para la innovación y en la causa de una serie de problemas de los cuales hasta ahora estamos tomando conciencia.

Toda empresa obtiene sus ganancias mediante la explotación de su entorno. El entorno físico, en el caso de las empresas mineras y petroleras, y el entorno social, en el caso de las empresas de social media. Esta explotación del entorno social resulta especialmente nefasta, porque este tipo de compañías influye en la manera en que las personas piensan y se comportan, sin que ellas mismas tengan conciencia de esa influencia. Esto tiene consecuencias adversas de largo alcance en el funcionamiento de la democracia, particularmente respecto a la integridad de las elecciones.

El rasgo distintivo de las empresas que operan en plataformas de internet es que son redes y registran rendimientos marginales siempre en aumento, lo que explica su espectacular crecimiento. El efecto de red no tiene precedentes y es transformador, pero también es insostenible. Facebook necesitó ocho años y medio para alcanzar una cifra de mil millones de usuarios, y la mitad de ese tiempo para alcanzar el segundo millardo. A este ritmo, en menos de tres años ya no habrá más personas en el mundo que Facebook pueda convertir.

Facebook y Google controlan efectivamente más de la mitad del total de ingresos por publicidad en internet. Para mantener su predominio, necesitan expandir sus redes y aumentar su participación en la atención de los usuarios. En la actualidad, su manera de lograrlo es ofreciendo a los usuarios una plataforma conveniente. Mientras más tiempo permanezcan los usuarios en la plataforma más valiosos son para las compañías.

Los proveedores de contenidos también contribuyen a la rentabilidad de las empresas de medios sociales, porque no pueden evitar usar sus plataformas y tienen que aceptar sus condiciones de uso, cualesquiera que sean.

La excepcional rentabilidad de estas empresas se debe, en gran medida, a que ni se hacen responsables ni pagan por el contenido ofrecido en sus plataformas.

Estas compañías aseguran que su única actividad es distribuir información. Pero el hecho de ser cuasimonopolios de la distribución las convierte en empresas de servicios públicos, por lo cual deberían estar sometidas a reglamentaciones más estrictas, concebidas para preservar la competencia, la innovación y el acceso universal justo y abierto.

El modelo de negocio de las empresas de medios sociales está basado en la publicidad. Sus verdaderos clientes son los anunciantes. No obstante, gradualmente ha ido emergiendo un nuevo modelo de negocio basado ya no solo en la publicidad, sino también en la venta directa de productos y servicios a los usuarios. Mediante la explotación de los datos que controlan, estas empresas arman paquetes de los servicios que ofrecen y les aplican precios discriminatorios, quedándose así con una mayor parte de los beneficios que, de otro modo, habrían tenido que compartir con los consumidores. Estas prácticas –las ventas de servicios en paquete y los precios discriminatorios– aumentan aún más su rentabilidad, pero socavan la eficiencia de la economía de mercado.

Las empresas de medios sociales engañan a sus usuarios, manipulando su atención para dirigirla hacia sus propios fines comerciales. Deliberadamente van cimentando una adicción a los servicios que brindan. Esto puede ser muy dañino, especialmente para los adolescentes. Hay una semejanza entre las plataformas de internet y las casas de juego: los casinos han desarrollado técnicas para enganchar a los jugadores a tal punto que apuestan todo su dinero, incluso el que no tienen.

En nuestra era digital, algo muy nocivo, y tal vez irreversible, le está ocurriendo a la atención humana. No se trata solo de distracción o adicción: las empresas de medios sociales están induciendo a la gente a renunciar a su autonomía. El poder de moldear la atención de las personas está cada vez más concentrado en las manos de unas pocas compañías. Se requiere un verdadero esfuerzo para afirmar y defender aquello que John Stuart Mill llamó “la libertad de pensamiento”. Es posible que, de llegar a perder esta libertad, aquellas personas que crecieron en la era digital no logren recuperarla, lo cual puede llegar a tener profundas consecuencias políticas. Una persona sin libertad de pensamiento es fácilmente manipulable. Y este peligro no solo se vislumbra en el futuro. De hecho, ya jugó un papel importante en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

Una situación aún más alarmante se asoma en el horizonte. Podría suceder que se produjera una alianza entre Estados autoritarios y estos grandes monopolios de las tecnologías de la información, ricos en datos. Una alianza semejante estaría en la capacidad de juntar los nacientes sistemas de vigilancia empresarial con un sistema existente de vigilancia patrocinado por el Estado. Esto bien podría conducir a la creación de una red de control totalitario como no la habrían imaginado ni Aldous Huxley ni George Orwell.

Los países en donde es más probable que ocurra este tipo de matrimonios non sanctos son Rusia y China. Las empresas chinas de tecnologías de la información son, en particular, idénticas a las estadounidenses. También gozan del apoyo y protección absolutos del régimen de Xi Jinping. El gobierno de China es lo suficientemente fuerte para proteger a sus campeones nacionales, por lo menos, dentro de sus fronteras.

En Estados Unidos, los monopolios de las tecnologías de la información ya están tentados de hacer algunas concesiones para lograr entrar en estos mercados enormes y en rápido crecimiento. Los dirigentes dictatoriales de estos países aceptarían gustosos esta colaboración, puesto que su objetivo es mejorar los métodos para controlar a sus propias poblaciones y expandir su poder e influencia en los Estados Unidos y el resto del mundo.

Los propietarios de estos gigantes de internet se consideran dueños del universo, pero, en realidad, son esclavos de su posición dominante si quieren preservarla. No pasará mucho tiempo antes de que se derrumbe el predominio mundial de los monopolios de las tecnologías de información en Estados Unidos. Davos es un buen lugar para anunciar que sus días están contados. Las regulaciones y las políticas fiscales serán su ruina y la comisaria europea de Competencia, M. Vestager, su Némesis.

Por otro lado, cada vez es más reconocida la existencia de una conexión entre el predominio de monopolios de estas plataformas y el incremento de la desigualdad. Esto puede explicarse, en parte, por la concentración de la propiedad en unas pocas manos privadas; pero, sobre todo, por la peculiar posición que ocupan los gigantes de las tecnologías de la información: han alcanzado el poder que otorga el monopolio, pero al mismo tiempo compiten entre sí. Son lo bastante grandes como para absorber las nuevas empresas que tengan el potencial de convertirse en su competencia, pero solo los gigantes tienen los recursos para invadir el territorio del otro. Cual vehículos sin conductor, están listos para dominar las nuevas áreas de crecimiento que comienzan a abrirse con la inteligencia artificial.

El impacto de las innovaciones sobre el desempleo depende de las políticas gubernamentales. La Unión Europea y, en particular, los países nórdicos son mucho más visionarios en sus políticas sociales que Estados Unidos. Ellos protegen a los trabajadores, no los empleos. Están dispuestos a pagar por cursos de actualización o por el retiro de los trabajadores supernumerarios. Esto les otorga a los trabajadores en los países nórdicos una mayor sensación de seguridad y una mayor disposición a apoyar las innovaciones tecnológicas que los trabajadores en Estados Unidos.

Los monopolios de internet no tienen ni la voluntad ni la inclinación para proteger a la sociedad de las consecuencias de sus acciones, convirtiéndose, entonces, en una amenaza. Por lo tanto, recae sobre los entes reguladores la responsabilidad de proteger a la sociedad. En Estados Unidos, los entes reguladores no son suficientemente fuertes para resistir su influencia política. La Unión Europea está en una mejor posición, ya que no tiene sus propios gigantes de internet.

La Unión Europea usa una definición del poder monopolístico diferente de la que usa Estados Unidos. Las leyes en este país se enfocan principalmente en los monopolios creados mediante adquisiciones, mientras que las leyes de la Unión Europea prohíben el abuso del poder monopolístico independientemente de cómo fue alcanzado. Europa tiene leyes para la protección de la privacidad y los datos mucho más fuertes que las de Estados Unidos. Además, en Estados Unidos la legislación ha adoptado una extraña doctrina: el daño se mide como el incremento en el precio que pagan los clientes por los servicios recibidos, algo casi imposible de probar cuando la mayoría de los servicios son gratuitos. Esto deja fuera de toda consideración los datos valiosos que las empresas de internet obtienen de sus usuarios.

La comisaria Vestager es la campeona del enfoque europeo. La Unión Europea demoró siete años en perfeccionar su acusación contra Google, pero gracias a que tuvo éxito, el proceso se ha acelerado considerablemente. Debido a su empeño en difundirlo, el enfoque europeo ya comenzó a afectar las actitudes también en Estados Unidos.

 

El ascenso del nacionalismo y cómo revertirlo

He mencionado algunos de los problemas más urgentes e importantes que nos aquejan hoy en día. Para concluir, quisiera decir que estamos viviendo un período revolucionario. Todas nuestras instituciones establecidas están atravesando una etapa de cambios y, en estas circunstancias, la falibilidad y la reflexividad operan con todas sus fuerzas.

Viví personalmente situaciones similares, la última vez fue hace unos treinta años. Fue entonces cuando creé mi red de fundaciones en el antiguo imperio soviético. La principal diferencia entre los dos períodos es que hace treinta años el credo dominante era la gobernanza y la cooperación internacional, la Unión Europea era el poder en ascenso y la Unión Soviética iba en descenso. Hoy en día, en cambio, la fuerza motivadora es el nacionalismo; Rusia está resurgiendo y la Unión Europea está en riesgo de abandonar sus valores.

Como ustedes recordarán, la experiencia anterior no fue favorable para la Unión Soviética. El imperio soviético colapsó y Rusia se convirtió en un Estado mafioso que adoptó una ideología nacionalista. Mis fundaciones actuaron con éxito: los miembros más avanzados del imperio soviético ingresaron a la Unión Europea.

Nuestro objetivo ahora es ayudar a salvar la Unión Europea y reinventarla de manera radical. La Unión Europea gozaba antes del apoyo entusiasta de la gente de mi generación, pero eso cambió después de la crisis financiera de 2008. Perdió su rumbo porque estaba regida por tratados obsoletos y guiada por una creencia errónea en las políticas de austeridad. Lo que había sido una asociación voluntaria de Estados iguales se convirtió en una relación entre acreedores y deudores, en la cual los deudores no podían cumplir con sus obligaciones y los acreedores fijaban las condiciones que los deudores debían cumplir. Esta asociación no era ni voluntaria ni equitativa.

En consecuencia, una gran proporción de la generación actual ve a la Unión Europea como su enemigo. Un país importante, Gran Bretaña, está en el proceso de retirarse y al menos otros dos países –Polonia y Hungría– están regidos por gobiernos que se oponen rotundamente a aquellos valores en los cuales se basa la Unión Europea. Dichos países están en conflicto con diversas instituciones europeas y estas les están haciendo un llamado al orden. Por otro lado, partidos antieuropeos están ganando terreno en otros países. En Austria ya están en la coalición de gobierno, y la suerte en Italia se decidirá en las elecciones de marzo.

¿Cómo podemos evitar que la Unión Europea abandone sus valores? Necesitamos reformarla en todos los ámbitos: el de la Unión en sí misma, el de los Estados miembros y el del electorado. Estamos atravesando un período revolucionario, todo es susceptible de cambio. Las decisiones que se tomen hoy determinarán el futuro.

En cuanto a la Unión en sí misma, la principal pregunta es qué hacer con el euro. ¿Se deberá exigir a cada Estado miembro que eventualmente adopte el euro o se deberá permitir que la situación actual continúe de manera indefinida? El Tratado de Maastricht estableció la primera alternativa, pero el euro ha revelado ciertos defectos que el tratado no previó y que aún esperan ser corregidos.

¿Se debe permitir que los problemas del euro pongan en peligro el futuro de la Unión Europea? Yo no estaría de acuerdo con esto. El hecho es que los países que no califican para ser miembros están ansiosos por unirse, mientras que los que sí califican han preferido abstenerse, con la excepción de Bulgaria. Además, me gustaría que Gran Bretaña siguiera siendo un miembro de la Unión Europea, o que finalmente volviera a ingresar, lo cual no sería posible si tuviera que adoptar el euro de manera obligatoria.

El dilema que enfrenta la Unión Europea podría formularse más claramente como uno entre un enfoque de múltiples velocidades y otro de múltiples vías. En el enfoque de múltiples velocidades, los Estados miembros deben ponerse de acuerdo anticipadamente sobre el resultado final; en el enfoque de múltiples vías, están en libertad de formar coaliciones internas con miras a cumplir objetivos específicos acordados entre ellos. El enfoque de múltiples vías, por supuesto, es más flexible, pero la burocracia europea favoreció el enfoque de múltiples velocidades. Ese fue un elemento que contribuyó bastante a la rigidez en la estructura de la Unión Europea.

En cuanto a los Estados miembros, sus partidos políticos son realmente obsoletos. La vieja distinción entre izquierda y derecha ha sido eclipsada por la de estar a favor o en contra de Europa, la cual se manifiesta de distintas maneras en los diferentes países.

En Alemania, el acuerdo entre el partido Unión Demócrata Cristiana (cdu por sus siglas en alemán) y la Unión Social Cristiana de Baviera (csu) ha hecho insostenibles los resultados de las más recientes elecciones. Hay otro partido, Alternativa para Alemania (afd), más a la derecha que el csu en Baviera. Ello obligó a este último a moverse un poco más hacia la derecha, anticipándose a las elecciones locales del próximo año en Baviera, de tal manera que la brecha entre los dos partidos de la Unión se ha vuelto demasiado grande. Así que, hasta que estos rompan su alianza, el sistema partidista alemán será bastante disfuncional.

En Gran Bretaña, los conservadores son, sin duda alguna, el partido de la derecha y los laboristas el de la izquierda; cada partido, sin embargo, está dividido internamente en lo que respecta a su posición frente al Brexit. Esto complica en gran medida las negociaciones sobre la salida y hace que para Gran Bretaña como país sea muy difícil decidir y modificar su posición frente a Europa.

Podrían esperarse ajustes similares en otros países europeos, con la excepción de Francia, que ya sufrió su propia revolución interna.

Respecto al electorado, la iniciativa jerárquica comenzó con un pequeño grupo de visionarios dirigidos por Jean Monnet; acompañó el proceso de integración durante un largo período, pero ya ha perdido impulso. En la actualidad necesitamos una combinación de enfoques, el jerárquico de las autoridades europeas junto con otras iniciativas surgidas desde abajo, promovidas por un electorado comprometido. Afortunadamente, existen numerosas iniciativas de este segundo tipo. Queda por verse cuál será la respuesta de las autoridades ante sus acciones. Hasta ahora, el presidente Macron se ha mostrado muy favorable. Su campaña para aspirar a la Presidencia de Francia se basó en una plataforma a favor de Europa y su actual estrategia está enfocada en las elecciones para el Parlamento Europeo de 2019 –y esto requiere un electorado comprometido–.

He analizado la situación de Europa con bastante detenimiento, pero, desde un punto de vista histórico, lo que está sucediendo en Asia es, en últimas, mucho más importante. China es el poder que está en ascenso. Durante la Revolución de Mao, muchos fervientes seguidores de la sociedad abierta en China fueron enviados a las áreas rurales para ser “reeducados”. Los que sobrevivieron regresaron a ocupar cargos de poder en el gobierno. Así, la dirección futura de China era indeterminada, pero nada más.

Los promotores de la sociedad abierta ya llegaron a la edad de retiro y Xi Jinping, quien tiene más en común con Putin que con el llamado Occidente, ya comenzó a establecer un nuevo sistema de patrocinio dentro del partido. Temo que el panorama para los próximos veinte años es bastante desalentador. Sin embargo, es importante que China forme parte de las instituciones de gobernanza global. Esto podría ayudar a evitar una guerra mundial que destruya nuestra civilización.

Quedan luego los campos de batalla locales en África, Medio Oriente y Asia central. Mis fundaciones están presentes activamente en todos ellos. Nos hemos concentrado de manera especial en África, donde los dictadores en potencia en Kenia, Zimbabwe y la República Democrática del Congo han practicado un fraude electoral sin precedentes. Allí, los ciudadanos arriesgan sus vidas literalmente para evitar el paso hacia la dictadura. Nuestro objetivo es empoderar a las poblaciones locales para que se hagan cargo de sus propios problemas, ayudar a los necesitados y reducir el sufrimiento humano en la mayor medida posible. Así, pues, tendremos mucho trabajo por hacer, incluso cuando yo ya no esté para verlo.

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Budapest,1930. Inversionista, feroz propagador del liberalismo económico y exitoso especulador financiero. Creador de la Open Society Foundations.

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